
Un buen día de hace ya mucho tiempo (A long time ago in a galaxy so far away...) me encontraba yo en compañía del señor Xavier Davila cuando comenzó para mi esta historia...
De una manera normal, como quien no quiere la cosa, el señor Davila (señor D. de aquí en adelante) me mostró "su" dolar de plata, elemento que inmediatamente llamó mi atención. El señor D. entonces, empleando una excelente contrapsicología que yo no supe detectar en el momento, insistía en recuperarlo, de manera que yo insistía en quedarmelo con el mismo ímpetu.
Así las cosas, entre cachondeo y carcajadas, acabé escondiendo el dolar de plata con la intención de gastar una broma a su dueño. Una cosa inocente, creo recordar que tras insitir en que me lo dejara sin resultado, decidí quedármelo para darle un susto.
Tras esconder el dolar y considerando el caracter del señor D., me fui a contar la batallita al Metropol, por aquel entonces regentado por el señor Kalelo. No se yo si fue por la emoción de la historia o si en otro momento en casa del regente del bar, pero el caso es que el dolar pasó a manos del señor Kalelo. Cosa que para mi pasó desapercibida y así la historia del dolar pereció en el olvido....
Ahhhh!! Pero cual fue mi sorpresa (Oh my god!) cuando en la fecha del 6 de Enero el dolar regresó a mi de manos de su anterior poseedor. Ante tal acontecimiento y habiendo yo madurado, decidí que lo justo sería devolvérselo a su legítimo dueño, el señor D. Y así me puse manos a la obra y como el señor D se encontraba en la península por vacaciones navideñas, le realicé una llamada telefónica. No contestó. Entonces le envié un mensaje donde le exponía que tenía su dolar secuestrado y que se dispusiese a realizar un intercambio. Yo le devolvería el dolar por mi pelicula de Dune todo sin policia y sin intermediarios. Mas bien tarde contestó a mi mensaje y quedamos de encontrarnos en el K-torse si yo no acababa muy tarde de cenar; puesto que el señor D. se volvía a London y debía embarcar muy temprano.
Pero la fortuna, la MALA fortuna, quiso que el encuentro en el que debía realizarse la devolución no se produjese y el señor D. se volvió a London.
Así las cosas, entre cachondeo y carcajadas, acabé escondiendo el dolar de plata con la intención de gastar una broma a su dueño. Una cosa inocente, creo recordar que tras insitir en que me lo dejara sin resultado, decidí quedármelo para darle un susto.
Tras esconder el dolar y considerando el caracter del señor D., me fui a contar la batallita al Metropol, por aquel entonces regentado por el señor Kalelo. No se yo si fue por la emoción de la historia o si en otro momento en casa del regente del bar, pero el caso es que el dolar pasó a manos del señor Kalelo. Cosa que para mi pasó desapercibida y así la historia del dolar pereció en el olvido....
Ahhhh!! Pero cual fue mi sorpresa (Oh my god!) cuando en la fecha del 6 de Enero el dolar regresó a mi de manos de su anterior poseedor. Ante tal acontecimiento y habiendo yo madurado, decidí que lo justo sería devolvérselo a su legítimo dueño, el señor D. Y así me puse manos a la obra y como el señor D se encontraba en la península por vacaciones navideñas, le realicé una llamada telefónica. No contestó. Entonces le envié un mensaje donde le exponía que tenía su dolar secuestrado y que se dispusiese a realizar un intercambio. Yo le devolvería el dolar por mi pelicula de Dune todo sin policia y sin intermediarios. Mas bien tarde contestó a mi mensaje y quedamos de encontrarnos en el K-torse si yo no acababa muy tarde de cenar; puesto que el señor D. se volvía a London y debía embarcar muy temprano.
Pero la fortuna, la MALA fortuna, quiso que el encuentro en el que debía realizarse la devolución no se produjese y el señor D. se volvió a London.
Así, una vez allí, con océano por medio, el señor Davila. vía messenger me contó la VERDAD de la historia....
Lo cierto es que nunca tuvo intención de recuperar su dolar de plata puesto que, como posteriormente me contó, estaba MALDITO o cuando menos, rebosaba mala suerte. Resulta que mientras el señor D. lo tuvo en su poder le abordaron innumerable cantidad de despropósitos, lesiones, desencuentros, altibajos de todo tipo,... cosas que por número, gravedad y simultaneidad en el tiempo no podían ser fruto de la casualidad. Todos estos desatinos le llevaron a recelar del dolar, sin embargo apático ya por tanta inconveniencia y en su convicción (errada, por otra parte) de que las cosas no podían ir a peor, siguió con él en su poder.
Craso error! La mala suerte seguía latente y en cuanto tenía ocasión se cebaba con el señor D. hasta el día en que, Vaya por Dios!, yo me fijé en él. Se lo quité, cierto, no me lo dió ni me obligó a quedarmelo, pero así, de la manera más fortuita, como suelen ocurrir por otra parte las cosas más importantes de nuestras vidas, el señor D. se vió por fin liberado del dolar.
Y ya saben ustedes como continua la historia, el dolar pasó a mi por un período mínimo de tiempo y se fue a parar de la manera más accidental a manos del señor Kalelo que tras varios años (y debería contarnos él mismo si despropósitos) me lo volvió a dar a mi.
Una vez en mis manos de nuevo y considerando que esta vez lo tuve durante un periodo superior de tiempo, empecé a notar yo también los influjos de esta miserable moneda y me puse en contacto con el señor D. para tratar la posibilidad de desacerme de ella.
"No la puedes dar, ni regalar, ni metérsela a nadie en el bolsillo" me dijo "no puedes hacer nada para desacerte de ella, tendrás que esperar a que salga de tu vida de otra forma".
Lo cierto es que nunca tuvo intención de recuperar su dolar de plata puesto que, como posteriormente me contó, estaba MALDITO o cuando menos, rebosaba mala suerte. Resulta que mientras el señor D. lo tuvo en su poder le abordaron innumerable cantidad de despropósitos, lesiones, desencuentros, altibajos de todo tipo,... cosas que por número, gravedad y simultaneidad en el tiempo no podían ser fruto de la casualidad. Todos estos desatinos le llevaron a recelar del dolar, sin embargo apático ya por tanta inconveniencia y en su convicción (errada, por otra parte) de que las cosas no podían ir a peor, siguió con él en su poder.
Craso error! La mala suerte seguía latente y en cuanto tenía ocasión se cebaba con el señor D. hasta el día en que, Vaya por Dios!, yo me fijé en él. Se lo quité, cierto, no me lo dió ni me obligó a quedarmelo, pero así, de la manera más fortuita, como suelen ocurrir por otra parte las cosas más importantes de nuestras vidas, el señor D. se vió por fin liberado del dolar.
Y ya saben ustedes como continua la historia, el dolar pasó a mi por un período mínimo de tiempo y se fue a parar de la manera más accidental a manos del señor Kalelo que tras varios años (y debería contarnos él mismo si despropósitos) me lo volvió a dar a mi.
Una vez en mis manos de nuevo y considerando que esta vez lo tuve durante un periodo superior de tiempo, empecé a notar yo también los influjos de esta miserable moneda y me puse en contacto con el señor D. para tratar la posibilidad de desacerme de ella.
"No la puedes dar, ni regalar, ni metérsela a nadie en el bolsillo" me dijo "no puedes hacer nada para desacerte de ella, tendrás que esperar a que salga de tu vida de otra forma".
Parecía que la moneda tuviese vida propia pero ¿Quien sería el Smeagol que quisiese pagar el precio de quedarse con ella? Barajamos la posibilidad de fundirla, de buscar su Monte del Destino, pero no sabiamos si funcionaría; desde luego me plantee devolversela al señor D. al fin y al cabo la moneda era suya, el único problema es que tendría que desplazarme unos miles de km...
